Guía completa
Qué hace la sonda y por qué falla sin avisar
La sonda lambda mide cuánto oxígeno queda en los gases de escape. Con ese dato, la centralita sabe si está metiendo combustible de más o de menos y corrige al momento. La primera sonda, antes del catalizador, regula la mezcla. La segunda, después, vigila que el catalizador haga su trabajo.
Lo traicionero es que no suele romperse de golpe. Se vuelve lenta. Tarda más en reaccionar, su señal se aplana, y la centralita sigue corrigiendo con un dato que ya no es fiable. El coche gasta algo más, emite más y nadie lo nota hasta que aparece el testigo.
Un caso típico
Un coche de gasolina que casi solo hace trayectos cortos entre Torrero y el centro llega con el testigo de motor y un código de sonda anterior. La primera tentación es pedir la pieza. En los datos en vivo, la sonda oscila bien en caliente, pero el código es de su circuito de caldeo. Mirando el cableado aparece un conector con verdín por la humedad. Se limpia y se repara el conector, se borra el código y la sonda vuelve a trabajar desde el arranque. No hizo falta cambiarla.
No siempre es así, claro. Pero el ejemplo explica por qué se comprueba antes de sustituir.
Lo que engaña a una sonda
Hay averías que hacen que una sonda sana dé un código:
- Fuga de escape antes de la sonda: entra aire, lee oxígeno de más y cree que la mezcla es pobre.
- Entrada de aire en la admisión por un manguito o una junta: la mezcla es pobre de verdad y la sonda solo lo cuenta.
- Cableado pegado al escape, derretido o rozado.
- Conector con humedad, algo habitual tras inviernos de niebla y lavados a presión.
- Caudalímetro que mide mal y obliga a la centralita a corregir en exceso.
Con los datos en vivo se ve si la sonda responde o si está diciendo la verdad sobre un problema que está en otro sitio.
Trayectos cortos y frío
En invierno, con las heladas y las nieblas del valle del Ebro, el motor tarda en coger temperatura. Hasta que la sonda está caliente, la centralita funciona con valores fijos y la mezcla es menos precisa. Por eso las sondas llevan una resistencia de caldeo, y cuando esa resistencia falla el síntoma aparece sobre todo en frío y en recorridos cortos. En coches que hacen a diario la A-2 o la A-68 ese fallo puede pasar casi desapercibido.
Cambiar una o las dos
Si falla la sonda anterior y la posterior está bien, se cambia solo la que falla. Si las dos muestran una respuesta pobre, tiene sentido cambiarlas juntas. La rosca, con años de calor, suele estar agarrotada, y se trabaja con cuidado para no dañar el colector o el tubo.
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