Lo que vemos en el taller
Inviernos de niebla y helada, veranos de horno
El clima de Zaragoza deja su huella en la memoria de las centralitas. En las semanas de niebla y heladas suben los avisos de tensión baja y de calentadores: una batería que en octubre arrancaba sin problemas se queda corta cuando el termómetro baja de cero a primera hora, y el diésel que duerme en la calle lo nota el primero.
En julio y agosto el patrón cambia. Los atascos en la Z-30 o en los accesos a la ciudad con el aire acondicionado a tope ponen a prueba el circuito de refrigeración y el electroventilador, y es cuando aparecen los códigos de temperatura. Un vaso de expansión que pierde poco durante el año se convierte de golpe en un problema.
Y luego está el uso diario. Muchos coches hacen trayectos cortos entre barrios como Delicias, Actur o Valdespartera y apenas salen a autovía. Para un diésel con filtro de partículas eso significa regeneraciones a medias, y por eso los códigos de FAP y EGR son de los que más se repiten en la diagnosis.
Ninguno de estos códigos se resuelve cambiando piezas a ciegas. Se lee el registro completo, se miran los datos en vivo y se comprueba la hipótesis antes de sustituir nada.