Guía completa
La intervención estética más completa que existe
Pintar un coche entero es, dentro de lo que ofrecemos en carrocería, la transformación más profunda posible: recupera el brillo perdido por años de sol y lavados, y da la opción de cambiar de color de forma permanente. Bien ejecutada, aguanta muchos años sin dar problemas. Mal hecha —preparación apresurada, goteos, partículas atrapadas en el barniz— se nota desde el primer vistazo, y por eso la mayor parte del resultado se decide antes de que empiece a salir color de la pistola.
Antes de nada, si merece la pena
En coches con bastantes años encima, esta es de las preguntas que hacemos nosotros mismos antes de dar presupuesto: ¿vas a conservar el coche, o piensas venderlo pronto? Una pintura completa es un trabajo de importe alto y solo compensa si vas a disfrutarla varios años. Si el plan es vender en poco tiempo, el comprador rara vez paga ese sobrecoste en el precio final, y hay alternativas más contenidas —arreglar zonas concretas, un buen pulido— que dan mejor retorno.
Por qué importa el entorno de pintado
La razón es técnica: cualquier partícula de polvo que caiga sobre la pintura queda ahí para siempre, y con el cierzo y el polvo de Zaragoza eso es un riesgo real. El barniz solo cura bien dentro del rango de temperatura que indica el fabricante del producto, y un exceso de humedad puede generar manchas en el acabado. Pintar sin controlar estas variables se nota en la durabilidad del resultado, no solo en el aspecto del primer día.
Pinturas y ajuste de color
Trabajamos con pintura bicapa al agua y la fórmula del fabricante para cada código de color. El paso que marca la diferencia es el ajuste: la pintura original se ha ido descolorando con los años de sol, así que aunque tengamos el código exacto, ya no coincide con el tono real del coche. Hacemos pruebas sobre plantilla, las comparamos con varias zonas del coche y ajustamos la mezcla hasta igualarlo — sin este paso, y la diferencia de tono se nota especialmente en las juntas entre paneles.
Acabados y trámite de color
Sólido, metalizado, perlado o mate: cada uno con su propio proceso y, en el caso del perlado, una capa adicional que alarga el trabajo. Si mantienes el color original no hace falta ningún trámite; si cambias de color, hay que notificarlo a la DGT y nos encargamos de toda la gestión. La garantía legal vigente en España cubre descascarillado, pérdida de brillo o mala adherencia; no cubre golpes o rayones posteriores, que se tratarían como una reparación aparte.